dimarts, 7 d’octubre de 2008

ENTRE SUBVERSIÓN Y RESISTENCIA. Por Juan Bauzá.


Entre subversión y resistencia

Juan Bauzá

Sábado, 28 de Octubre 2006
Ateneu Barcelonès
Jornada FREUD, DALÍ Y EL SURREALISMO (ANY FREUD 2006 BCN)

Del título: subversión y resistencia

Antes de desarrollar propiamente el título que he propuesto, tal vez un poco enigmático para muchos de ustedes, conviene que me explique acerca del mismo: “Entre subversión y resistencia”. Podría haberlo titulado: “Entre revolución y reacción”, pero estos dos términos tienen una carga ideológica inconveniente.

Con “subversión” me refiero, en primer lugar, al término que Jacques Lacan nos propone para definir el efecto fundamental que comporta el corte epistemológico que constituye el psicoanálisis en el saber, en la ciencia y en la cultura, y, en definitiva, en la civilización que aquellos conforman. Esta subversión es una subversión del sujeto: El sujeto, en efecto, deja de verse como una unidad psíquica, identificado con su consciencia y con la subjetividad yoica egosintónica a la que lo reducen, teórica o prácticamente, los psicólogos, para verse como un sujeto dividido, incluso desgarrado y esencialmente determinado en gran parte inconscientemente en su ex-sistencia, a pesar suyo exilado de sí mismo y alienado al Otro, incluso necesariamente.
Por otra parte, “subversión” se refiere a su sentido común, es decir a la conmoción de las ideas y de los valores aceptados y arraigados incluso hasta el punto de la evidencia, a la inversión del orden establecido. Subversión es aquella actividad, acción o acto destinado a conmover, a modificar de manera radical, más o menos violenta, la estructura establecida como lo “normal”. La subversión es previa a la revolución o a la revuelta.

La reacción a la subversión puede ser la “resistencia”, palabra ambigua, dependiendo del bando en que nos coloquemos: como invadidos que resisten al invasor, considerado un reaccionario que quiere: derrotar, destruir aquello en lo que creemos; o como conservadores que se resisten al cambio, al progreso, a la revolución. Pero aquí, utilizo el término resistencia sobre todo en sentido freudiano: “Todo aquello que impide o dificulta el trabajo analítico”, conducente a la verdad del sujeto, a la existencia auténtica, a lo real, resistencia, pues, de ese yo, de ese ego identificado con su consciencia que se contrapone, que se resiste al sujeto del inconsciente, al deseo, a la “liberación” del sujeto, en lo individual o en lo social. Sujeto del inconsciente que, por otra parte, en otro sentido, aparece como representante de lo que Freud llama el núcleo de nuestro ser, que resiste, que permanece en su ser. Habrá que esperar a Lacan para que se hable de una resistencia estructural a la significación, asociada al sujeto como ser de lenguaje, lo que produce un oscurecimiento del significado del sujeto o para el sujeto.

¿Por qué entonces “entre subversión y resistencia” para hablar de surrealismo y psicoanálisis?

Del surrealismo y el psicoanálisis como movimientos de liberación: similitudes y diferencias. El problema del deseo como cuestión preliminar a toda liberación posible

Surrealismo

El surrealismo es un movimiento de ideas, de creación poética y artística, y de acción que se apoyará explícitamente entre otros sobre algunos descubrimientos freudianos, a los que pronto se agregarán la dialéctica hegeliana y el materialismo histórico marxista-leninista. Podemos plantearlo asimismo, con estos elementos, como un movimiento de liberación del hombre, liberación individual y liberación social. Como declara Bretón en su texto de 1935, Posición política del surrealismo:

Transformar el mundo ha dicho Marx, cambiar la vida ha dicho Rimbaud, de estos imperativos nosotros no hacemos sino uno solo.

Bretón fue el gran inspirador del movimiento surrealista, su teorizador fundamental y su líder intelectual. Una crítica del surrealismo pasa necesariamente por una crítica a sus escritos, a su posición. En Bretón y en su obra, la verdad o la semilla de verdad del surrealismo alcanza su mayor grado de claridad. Así que podemos considerar el pensamiento de Bretón que se expresa en sus obras, como la esencia y el criterio de demarcación del surrealismo, y esto más allá de que las ideas y las producciones de quienes en un momento u otro formaron parte del “grupo” surrealista requieran asimismo estudios particulares, a ser posible libres de prejuicios de oídas. En particular aquí nos interesan aquellos que mantendrán un vínculo más estrecho, directo o indirecto con el psicoanálisis, ya sea en el plano teórico o experiencial, por ejemplo uno de los que aquí nos ocupan: Salvador Dalí, ¿qué es lo que en él puede considerarse propiamente surrealista y referirse al surrealismo, y qué es lo que se escapa del mismo? Lo mismo podríamos decir de autores como René Crevel, Raymond Queneau o Luis Buñuel, cuya obra me parece asimismo fundamental para el tema que nos ocupa.
Aquí considero el surrealismo en su relación con la búsqueda de la verdad y como he dicho como movimiento de liberación del hombre, tendremos que ver en qué sentido para no caer en utopías ilusorias. Para Bretón, como él mismo dice explícitamente al respecto:

La búsqueda de la verdad se halla en la base de toda actividad que podamos considerar válida.

Y ello a pesar de que el término y la noción de “verdad” no son en absoluto evidentes en su significación y, por consiguiente problemáticos en sí, digamos epistemológicamente y en su relación con otros campos estrechamente vinculados: la lógica, la ética, la estética, la ciencia, etc. Se considera que esa verdad está estrechamente relacionada con una liberación auténtica, “sólo la verdad os hará libres”, o al menos permitirá tomar consciencia de la imposibilidad o en todo caso de los límites de esa libertad. En este sentido podemos decir que el optimismo o la esperanza revolucionaria del 2006, no es el mismo que el optimismo de los años 20, o el de los años 60, o de los 80. El optimismo de los surrealistas o del espíritu del mayo del 68, no es el mismo que el optimismo de Freud, por ejemplo, que no es excesivo, porque como veremos pasa por la toma de consciencia de una ausencia esencial, estructural, una falta, une manque, un défaut, asociada como después mostrará Jacques Lacan a lo que él llama el parlêtre, el hecho de que somos un ente de lenguaje.

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