dimarts, 18 de novembre de 2008

LA HIPERACTIVIDAD INFANTIL COMO SIGNO DE LOS TIEMPOS. Por María Elena Sammartino




La hiperactividad infantil como un signo de los tiempos*
María Elena Sammartino

Jornada NUEVOS SÍNTOMAS
(ANY FREUD 2006BCN )

2 de noviembre 2006

Sala de Actos del Col.legi de Psicòlegs








Las transformaciones producidas en el mundo en el último medio siglo han conducido a una disociación creciente entre la lógica que rige la economía y la experiencia real de los individuos. Las necesidades del capital, que ya no tiene raíces, han contribuido a modificar el valor que tenía el trabajo en la vida de los hombres. Precariedad, movilidad, jubilaciones anticipadas, son características propias de la vida laboral en amplios sectores de población, que vive así estados de desasosiego e incertidumbre. La progresiva caída del trabajo como columna rectora de la identidad y de los ideales es paralela a la disolución de los valores del patriarcado y a una reformulación profunda de la familia tradicional.
El fin del patriarcado en Occidente, que es un logro del movimiento femenino, afecta no sólo al ordenamiento de la familia sino también a las estructuras jerárquicas en todos los ámbitos de la vida social. El poder se reordena pero no desaparece, más bien se ha hecho silencioso y adopta estrategias sofisticadas de dominación de los individuos a través de otros instrumentos tales como los medios de comunicación masiva y la publicidad. La manipulación de los mensajes ordena la vida de los hombres, las mujeres y los niños, crea necesidades, anhelos y objetivos. Busca orientar y definir la imaginación, y así suplantar las necesidades y deseos propios de cada sujeto. Se trata de un trabajo sistemático de des-subjetivación cuyo fin está dirigido a ganar consumidores.
Todas las áreas de lo humano se encuentran bajo el punto de mira de ese poder silencioso que moldea el imaginario social. Y desde luego la salud mental puede ser también materia de manipulación y descomplejización al servicio de intereses que no son los del paciente. Así, desde hace tiempo, se observa una tendencia creciente a desdibujar el sufrimiento emocional ya sea por la vía de transformar las crisis inherentes a las etapas de la vida en enfermedades que pueden tratarse con fármacos, ya sea a través de la agrupación de síntomas en nuevos cuadros a los que se supone un origen neurológico. Esas nuevas enfermedades nacen a la luz pública conjuntamente con los fármacos adecuados para su tratamiento.
Tiempo atrás, una joven maestra me relata un diálogo sostenido con otra colega. - ¿cuántos niños hiperactivos tienes en tu clase? – yo 7, ¿y tú? - yo 12! Ella es una persona sensible y se encuentra a la escucha de los niños y sus conflictos, por eso duda frente la uniformidad del diagnóstico: la mitad de los niños de la escuela están medicados con Rubifén o Concerta. Un hospital de Barcelona acababa de dar a los docentes de su distrito la segunda parte de un muy interesante seminario sobre el Trastorno por déficit de atención con y sin hiperactividad; parece ser que esos seminarios habían sido pagados por un laboratorio.

*Una versión ampliada de este artículo fue publicada en la revista Intercanvis, Nº 19, noviembre 2007.
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